Historia de las montañas rusas

Historia de las montañas rusas

Aunque pudiera parecer que estas atracciones son relativamente modernas, lo cierto es que las montañas rusas datan incluso del siglo dieciocho. La más antigua de la que se tiene conocimiento fue construida, como es de esperarse por el nombre dado a estas atracciones, en la ciudad de San Petersburgo, en Rusia. Sin embargo, y a manera de dato curioso, te comentamos que los rusos le llamaban, irónicamente, “montaña americana”.

Comienza la aventura

Los primeros modelos se construían sobre pilares de madera, en colinas de hielo que no sobrepasaban los veinticinco metros de altura y con una inclinación aproximada de cincuenta grados. Sin embargo, en el año 1850 se produjo un gran salto para estas atracciones, cuando una compañía minera de Pennsylvania decidió convertir su sistema de transportación de carbón en una rústica atracción para los habitantes de la ciudad. El “Gravity Road”, como pasó a llamarse, estaba compuesto por un vagón que descendía desde una montaña a altas velocidades.

Años más tarde, en 1884, la idea fue refinada por LaMarcus Adna Thompson, quien diseñó un modelo, en aquel entonces novedoso, para el Coney Island de la ciudad de Nueva York. La plataforma, de unos 180 metros de altura, arrojaba a los intrépidos visitantes a bordo de un vagón desde lo alto de una torre hasta la otra. Al año siguiente, se creó la primera montaña rusa que funcionaba a través de una correa para elevar los vagones, y posteriormente aparecería una variante con pista circular, muy similar a las que conocemos en la actualidad.

El legado

Poco a poco, las montañas rusas comenzaron a esparcirse por todo el mundo. Entre las más notables se encuentran “The Cyclone”, creada en 1925, siendo la primera en alcanzar los cien metros de altura y “The Mine Train”, que incluía un pasadizo subacuático, toda una sensación para el año 1966. Hasta la fecha, algunas de estas atracciones aún continúan operacionales, como la más antigua de Australia, creada en 1912 de nombre “Scenic Railway”, o quizás, la más antigua de todas, “Leap the Dips”, construida en 1902 y ubicada en la ciudad de Pennsylvania.

Concebidas completamente en madera, estos “dinosaurios de la diversión” representan un símbolo vivo de la primera época dorada vivida a comienzos del pasado siglo, pues La Gran Depresión, y los lamentables accidentes ocurridos pusieron en espera por largos años la evolución de las montañas rusas, hasta que en la década del setenta, la creación de “The Racer” en Ohio, avivó la llama de una popularidad que continua creciendo hasta nuestros días.

Hermanas de hierro

Con la construcción en 1959 de “Matterhorn Bobsleds” en el parque temático Disneyland, comenzaron a surgir un nuevo tipo de montañas rusas, mucho más atrevidas y que además, a diferencia de los modelos en madera, aprovechaban la maleabilidad del acero para crear impresionantes giros y cambios inesperados en la dirección de la marcha.

Esta atracción, utilizaba un sistema tubular con raíles de acero, cuyo diseño inspiró nuevas propuestas como “Corkscrew”, nacida en el año 1975 y primera de su tipo en incluir tres rotaciones, o “Racer”, de Kings Island, pionera en la implementación de vagones en reversa.

Actualmente, la evolución de las montañas rusas nos permite asistir a verdaderos espectáculos de adrenalina y emoción, como por ejemplo, la británica “The Smiler”, primera en rebasar las catorce inversiones, o tal vez, “Formula Rossa”, la montaña rusa más rápida del mundo ubicada en el parque Ferrari World, en Arabia, y que es capaz de alcanzar los 240 kilómetros por hora.

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